Y como toda obra teatral, aparecen personajes dispuestos a quedarse y otros que llegan para marchar poco después.
Pero llega un día, sin más, en el que te das cuenta que todo eso ocurre realmente y que nada podrá evitarlo.
Que la importancia que tengan las personas en esta obra, es la que cada uno de nosotros queramos darle.
Que a veces cuesta salir adelante sin motivos aparentes, sin fuerzas y sin armas para combatir, pero nunca sabes cuándo caerá el telón y pondrá ante nosotros una nueva escena que vivir.
Y quién sabe si mejor o peor que la anterior, pero, tarde o temprano, de nuevo volverá a cerrarse esa cortina y a dejarnos en vilo de cuál será nuestra próxima lucha.
Porque cada uno de nosotros somos un pequeño mundo, con defectos, pero también con muchas virtudes.
Somos el director de nuestra obra.

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