La rutina, echarte de menos.
Una suave brisa rozó mi rostro y me sacó un escalofrío muy parecido al de esa típica canción.
El amor, a veces, camina cuesta abajo. Con los párpados caídos y con unas ojeras que dicen que la noche anterior mojó la almohada de tanto mar; y me ahogo al naufragar por tus costas.
No he podido domar a los leones de Cibeles; y tampoco derribar estas malditas inseguridades.
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