A veces siento que se me están cansando las ganas de comerme el mundo. De ir, de venir con las manos vacías de ti, con partes rotas.
Pienso que todo, algún día, se resumirá en noches en vela, echando de menos a todo el que el viento se llevó, porque el viento también suele llevarse lo que más queremos que se quede.
Entonces caminamos por un largo tiempo -sin saber hacia dónde-, sólo caminamos, nos dejamos llevar por las circunstancias y por la vida y, sin darnos cuenta, ya habíamos cruzado el umbral de ambas vidas.
Me miras. Y el mundo parece detenerse, el tiempo se congela.
sábado, 30 de abril de 2016
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