sábado, 8 de agosto de 2015

Vengo puesta hasta las pestañas de rabia, porque no me sale otra cosa que no sea pensar en ti, y aquí estoy, escribiéndote.
Que he visto salpicar de alegría a charcos llenos de agua cuando tú pasabas.
He subido a torres bien altas, pero tú tienes las mejores vistas de todas, y un vértigo precioso capaz de transformar en equilibrista de barandillas a un gato que ya ha gastado seis de las siete vidas con las que contaba.

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