Querido noviembre:
Tú no sabes la falta que me haces.
No sé qué debo hacer si no estás.
No sé qué esperar que ocurra.
No sé cómo comenzar de nuevo ni cómo acabar lo que comenzó.
Y el vértigo, que amenaza con aparecer si me dejas con este desastre.
Los miedos, las segundas partes, los nudos...
Las veces que te pienso como si fueras lo más importante, como si fueras a romperme en mil pedazos en tan solo dos segundos de mi vida.
Y ahora, ahora no recuerdo otro nombre que no sea el tuyo.
Ya no entiendo de otras cicatrices que no sean tus ojos.
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