sábado, 30 de julio de 2016

Sentía cómo la tierra se hundía bajo mis pies a cada paso que daba.
Se trataba de decisiones.
Sí.
No.
Quizás.
Se trataba de todo o nada, blanco o negro, noche o día.
Pero quizás, todo podía ser nada.
Cada paso que involuntariamente hacía provocaba que el caos y el desorden se impregnasen en mi piel como el más hermoso de los perfumes.
Sentía una presión en el pecho que me decía que aquello era el final.
De lo que es y no es.
Hablo de mí, del aire que respiro, del cielo, de ti.
Hablo del dolor, del odio, de la tristeza.

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