sábado, 26 de marzo de 2016

Elevarte a la décima altura de mis sentimientos; que luego resultaron unas estúpidas balas, un revólver que se disparó automáticamente.
Bien dicen que el poeta no es poeta sin antes haberse callado lo que sonreír.
Yo, por ironía, acabé haciéndome más de esas heridas que tanto me gustaba que tú curaras, lo hacías con tanta delicadeza que en cierto punto sentía cómo ibas creando piel nueva.
Llámalo truco o magia, pero tú, sin ser mago, terminaste siendo la mismísima magia. En vivo y a todo color.
Hay días como hoy que no sé dónde dejé mis raíces, mis ganas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario