Siempre me han gustado los días nublados, fríos y lluviosos, aunque causen en mí unas ganas inmensas de encerrarme en mi habitación a escuchar música. Pero las lágrimas afloran de mis ojos. Mis amigas habían salido a dar una vuelta para despejarse un rato, pero yo rechazé el plan con la excusa de que no me encontraba nada bien. Y no era mentir, pues la impotencia me estaba asfixiando poco a poco. Esa era otra de las consecuencias de los días así. Tumbada en mi cama, siento cada palabra de las canciones que suenan en mis oídos como si se tratasen de balas directas a mi corazón. Pauso por un momento la canción, por lo que puedo escuchar perfectamente el sonido que hace la lluvia al caer. Al igual que cae la lluvia, mis lágrimas comienzan a brotar con rabia de mis ojos deslizándose por mis mejillas, a la vez que aprieto mis puños con fuerza para clavarme las uñas en la piel e intentar así causarme un dolor que sobrepase al de mi corazón, y que este no me duela tanto, pero no obtengo resultado, solo una opresión aún mayor en mi pecho. Hecha un mar de lágrimas, tristeza y dolor, me acerco a la ventana. La lluvia cae con fuerza y rapidez inundándolo todo, y eso, me saca una pequeña sonrisa sarcástica, ya que esa pequeña inundación no se puede ni comparar con la que siento yo. Me ahogo en sentimientos y para eso no hay remedio, no existe ningún medicamento que pueda borrarle de mi mente. Poco a poco, el cristal se va empañando a causa de esa respiración que siento que me falta. Entonces el vapor deja ver unas palabras que escribí y no se han borrado en todo este tiempo. Aún recuerdo perfectamente ese momento. Era un día lluvioso, quizá ese es otro de los motivos por los que los días así me ponen melancólica y a la vez me gustan tanto. Paso la mano con delicadeza sobre estas palabras creyendo que así puedo sentirle a mi lado, pero lo único que he conseguido es borrar esas palabras. Cierro los ojos de nuevo, y tras apoyar la cabeza sobre el frío cristal, siento cómo mis pequeñas reconstrucciones interiores se vuelven a venir abajo. Las lágrimas, que desde hace un rato son dueñas de mis ojos, continúan cayendo con fuerza.
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